10 de abril de 2021
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Cuarenta minutos para vacunar: Portugal acelera con miedo a más atrasos

CORONAVIRUS PORTUGAL

Oeiras (Portugal), 25 feb (EFE).- Hacer fila, recibir la dosis y esperar para ver si hay reacción alérgica. En total, un máximo de cuarenta minutos para ser vacunado contra el coronavirus en Portugal, donde se ha pisado el acelerador ante el temor de que nuevos atrasos de las farmacéuticas trunquen su fecha para acabar con la pandemia.

Al igual que en el resto de países de la Unión Europea, las dosis se inyectan desde el 27 de diciembre en Portugal, que cuenta con un modesto balance dos meses: apenas un 3 % de la población del país, de diez millones de habitantes, está ya inmunizada, es decir, tiene las dos dosis.

Un porcentaje que se explica en gran medida por los atrasos de las farmacéuticas. Si el plan inicial era que los lusos recibieran en el primer trimestre 4,4 millones de dosis, recibirán un máximo de 2,5 millones en ese periodo.

No es el único contratiempo. Varias polémicas han rodeado la tarea, como la modificación de los grupos prioritarios o la vacunación irregular de personas no prioritarias.

Esto último llevó a la dimisión del responsable del plan de vacunación, Francisco Ramos, sucedido este mismo mes por un militar, el vicealmirante Henrique Gouveia e Melo, que promete disciplina de calendario: 70 % de los portugueses inmunizados para final del verano, y "velocidad de crucero" en la vacunación en esa estación.

El ritmo, que ya ha aumentado en la última semana, se perfecciona en el municipio de Oeiras, a las afueras de Lisboa.

VACUNACIÓN EN CADENA

El pabellón deportivo Carlos Queiroz de Oeiras es un ejemplo de lo que el Gobierno portugués espera que sea la vacunación veloz ya desde el segundo trimestre de este año, y para lo que ha pedido a los alcaldes que se preparen.

"Reserven la energía", les pidió recientemente el primer ministro, António Costa, cuando supo de nuevos atrasos en la entrega de dosis.

Su petición cayó en saco roto en el pabellón, donde se inyectan unas 400 dosis diarias en un proceso de poco más de media hora desde el momento en que los pacientes se colocan en la fila, convocados en cortos intervalos de tiempo marcados con antelación, lo que ayuda a que avance deprisa.

"Desde que entran, hacen el registro, pasan a los gabinetes y esperan el necesario tiempo de recuperación (para comprobar que no haya reacciones alérgicas) pasan en total 40 minutos", cuenta a EFE la enfermera Lurdes Costa e Silva, que con otra compañera está cargo de la coordinación del pabellón.

El amplio recinto deportivo, dispuesto por el ayuntamiento de Oeiras, se ha recubierto con una moqueta azul y se han levantado 12 gabinetes donde se inyectan las dosis, fundamentalmente de Pfizer, junto a otra amplia zona con sillas para esperar a que no haya reacción adversa.

Si la hubiera, hay una médica en el recinto y un par de ambulancias en la puerta. Desde que el 10 de febrero comenzaron a vacunar, afirma Costa e Silva, no han sido necesarias.

El ritmo es rápido. Entra doña Ana Paula, algo más de 80 años, y las enfermeras Vanessa y Carla le explican en el gabinete qué puede esperar, como molestias en el brazo, y le advierten que deberá volver en tres semanas a por la segunda dosis.

Sonríe Ana Paula, antes de decir que lo primero que hará será reunirse con la familia; 2020 ha sido un año muy duro para ella.

"Todos vienen con muy buen ánimo, muy contentos", asegura a Efe Vanessa, mientras otra compañera desinfecta la silla en la que se ha sentado Ana Paula; enseguida entra António Vieira Marques, de 79 años, acompañado de su hija Mafalda y deseoso de bromear con las enfermeras.

Tras asegurar que tiene "veintitantos años", recibe también su dosis, con planes similares a su antecesora: una gran reunión, con amigos o familia. Es el deseo común de los vacunados en esta fase, mayores de 80 años o personas algo más jóvenes con otras patologías.

VOLUNTARIOS Y BOLSAS DE REGALO

António y su hija pasan después a la zona de espera, con un centenar de sillas dispuestas manteniendo la distancia de seguridad. Les orientan una veintena de voluntarios del ayuntamiento de Oeiras, que asisten a otra veintena de enfermeros que trabajan en los gabinetes o en vestuarios, donde se preparan las dosis a buen ritmo.

"El ritmo ha aumentado porque han llegado algunas vacunas más", admite Costa e Silva, que prevé continuar inyectando dosis a 400 personas por día durante marzo "si nada falla a nivel de Europa".

¿Y después? "Después vemos, todo depende del suministro de vacunas", responde.

Ha pasado media hora y António y Mafalda están listos para irse, con un último detalle de los voluntarios: una bolsa en la que encuentran gel desinfectante, mascarilla y algunos folletos informativos sobre el coronavirus. Ya le queda menos para la gran reunión.

Cynthia de Benito

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