20 de fevereiro de 2020
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Leticia Canales: "Mi padre pidió un crédito por mi sueño"

SURF TOKIO 2020

Madrid, 13 feb (EFE).- Cuando a Leticia Canales (Sopelana, 1995) le sobrevino un nubarrón gris, en forma de grave lesión de rodilla, su madre tiró de memoria. Entendió que era el momento de rescatar algunas reliquias que guardaba de aquellos tiempos en los que su hija iba a la escuela. Le enseñó algunos dibujos, en los que siempre aparecían "dragones y olas, siempre olas", y una redacción en euskera.

"'Soy Leticia Canales. Tengo 10 años. Vivo en Sopelana. Mi sueño es ser surfista profesional'", rememora la joven vizcaína en una entrevista a EFE. “En cambio, mi hermana gemela estaba en otra clase y ella dijo que quería ser médico", puntualiza.

Por otro proyecto de la asignatura de Plástica -"un tubo de Eneko Acero, de espaldas", relata Canales-, sus profesores corroboraron que aquella niña rubia y risueña tejería, irremediablemente, una vida vinculada al mar.

Esa pasión nació de los planes veraniegos en familia. En la galería de su iPhone, de hecho, guarda incontables fotografías en las que aparece "con el pelo casco", tabla en mano y en la orilla. En otras está junto a sus padres y su gemela, recostada en la arena.

"Nos pasábamos todos los veranos en la playa, de 8 de la mañana a 10 de la noche. Tengo una hermana mayor y una hermana gemela, imagínate tres trastos que no paraban de pegarse... Así que nos sacaban de casa a la playa, a gastar energía. Mi padre tenía una tabla. Mi hermana mayor también surfeaba. Fue cuestión de tiempo. ¿Qué hace 'aita'? ¿Qué hace Vicky? ¡Pues yo quiero surfear! Nadie me obligó a entrar en el mar. Salió de mí", explica durante una visita a la sede central de la Agencia EFE en Madrid.

Con Nazaré copando estos días la actualidad informativa, Leticia Canales explica que "en algún momento de la preparación" ella también cogió olas grandes, pero está centrada en otro tipo de surf, el de competición, con el que espera hacer su entrada en el olimpismo este verano, en Tokio.

Esa era una posibilidad absolutamente remota cuando empezó. La disciplina no contemplaba un horizonte olímpico, ni vinculado al profesionalismo. Ella desconocía incluso que llegaría a medirse en el agua con muchas más chicas.

"Cuando eres pequeña no eres consciente de la situación social en la que estás", reflexiona sobre aquellos tiempos en los que se veía en clara inferioridad numérica. "No me empequeñecí por tener que competir con chicos. Es más, me encantaba competir con los chicos y la verdad es que aprendí muchísimo. De mi quinta son Alex Iriondo, Nacho González, Mikel Elizaldi o Izan Egiguren, surfistas que a nivel nacional hoy en día son referentes. Recuerdo que en Euskadi había un circuito que se llamaba Euskalsurf y yo siempre quedaba segunda, pero le ganaba a Imanol, le ganaba a Nacho...", bromea.

De esa primera época vinculada al surf guarda, sin embargo, cierta amargura. Recuerda que sufrió acoso escolar, por su complexión física, pero esquivó el dolor siendo "pasota". Todavía ahora, por hacer "un surf bastante agresivo", Leticia Canales tiene que escuchar que surfea "como un chico". "Pero yo surfeo como una chica fuerte", apostilla.

Presume, no en vano, de la potencia de sus maniobras, del trabajo en el gimnasio y del entrenamiento en suspensión, con gomas. El tiempo y los resultados le han acabado dando la razón. Es una de las referentes del surf a nivel nacional y europeo.

"En los propios supermercados, o en el centro comercial, de repente una niña o un niño me pide un autógrafo", comenta con asombro. "Además, en las redes sociales siempre leo todos los mensajes. Y, como yo he sido 'fan', me obligo a responder a todo el mundo, aunque me cueste dos horas", asegura.

En cambio, Leticia Canales confiesa que no derribó la barrera de la vergüenza cuando coincidió en un campamento con Keala Kennelly. "Me hubiese gustado sacarme más fotos con mis ídolos, pero de la vergüenza que me daba... Me moría. Lo bueno que tienen ahora los niños es que son superdescarados", cuenta entre carcajadas.

Ella, a esa edad, miraba el surf bajo un prisma idílico, que fue mudando con los años. "Después, cuando vas creciendo, es cuando te surgen los problemas. La falta de patrocinios, las lesiones, que no salen los resultados…", enumera.

"Cuando eres una niña piensas que todo va a ir bien, que todo va a ser fácil, que todo el mundo se va a alegrar de tus logros y que vas a tener apoyo. En los medios de comunicación se idealiza un poco la vida del deportista, no se ve la parte mala. Siempre queremos que Rafa Nadal gane y cuando pierde, se dice que ya está fallando. La realidad es que los deportistas lo hacemos todo con pasión y nos hipotecamos la vida por un sueño que puede que se cumpla o puede que no. Es un 'all-in' todo el rato", reflexiona.

Como surfista, hay un coste que Leticia Canales asume: el de poner "al límite" su cuerpo durante los 365 días del año, para conducir su carrera por el carril del éxito. Ocurre, sin embargo, que competir en las condiciones actuales implica a menudo "malvivir" y apenas contar ahorros.

"Tengo un presupuesto para hacer la mitad de las pruebas del circuito mundial. No es por nivel. Es porque no me da el dinero", lamenta.

"Si me va bien, con los resultados que hago, puedo seguir. Si me lesiono o no salen los resultados en un deporte tan complicado como el surf, donde dependes de que te llegue la ola, pues no puedo hacer esa prueba para la que tengo ránking. Te limita mucho el no tener un patrocinador o un presupuesto. En España hay talento nacional en el surf, pero nos lo hemos tenido que luchar nosotros y nuestras propias familias. Mi padre pidió un crédito por mi sueño. Podría haberme dicho: 'Leti, ya está, has llegado'. Pero me dijo: 'Leti, estás sacando resultados, te estoy viendo entrenar y la pasión que tienes, ¿cómo no voy a hacer esto por una hija?'".

En su camino a Tokio, a la surfista vasca le arropan Basque Team, la Diputación de Bizkaia, Vitamin Well y el ayuntamiento de Sopela, pero sigue teniendo que cuadrar cuentas para su asalto a la clasificación olímpica.

El día 20 de febrero, por ejemplo, debe poner rumbo a Australia para participar en tres citas. Viajará en grupo. Alquilarán una casa, buscarán una piscina y un gimnasio y se desvivirán entrenando en la playa. Leticia Canales, a quien sus familiares apodan cariñosamente la 'sin techo', completará esa gira en Nueva Zelanda, confiando en lograr una plaza en la selección que se jugará en mayo, en el Mundial de El Salvador, el pase a los Juegos Olímpicos.

"Estos días, algunos profesores de la infancia me han estado mandando mensajes a raíz de que los Juegos están muy cerca. Me dicen: 'qué orgullosos estamos de ti, sabíamos que ibas a luchar por tu sueño y qué bueno que lo estamos viendo'. Me emociona que los profesores se den cuenta de que yo tenía un sueño", desvela.

Para ella, ahora sí, ha llegado el momento "de coger el toro por los cuernos y de decir: 'aquí estamos y vamos a por todas'".

Lucía Santiago

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