25 de fevereiro de 2020
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El primer salto

PARACAIDISMO ANIVERSARIO

Madrid, 25 ene (EFE).- La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar, el paracaidismo estaba en boga y España no quería ser menos. Tres militares viajaron a Argentina a aprender a saltar y el 23 de enero de 1948 nueve se tiraron al vacío, anestesiados por la adrenalina que les impidió sentir hasta horas después los esguinces del aterrizaje.

Esta semana, el Ejército del Aire celebra el 72 aniversario de ese primer salto de una patrulla en la Escuela Militar de Paracaidismo de Alcantarilla (Murcia). Eso y que, desde entonces, militares, guardias civiles y policías nacionales se han lanzado un millón y medio de veces para aprender o perfeccionar su técnica.

Los saltos de entonces y de ahora, explica a Efe el cabo Juan Solano, encargado del museo de la escuela, no tienen "nada que ver". Ese 23 de enero de hace 72 años a las 9.15 horas los nueve militares se tiraron "en automático", es decir, con los paracaídas enganchados a un cable del avión de manera que se abrían inmediatamente.

Bueno, en realidad a los tres o cuatro segundos, dependiendo de la corpulencia del saltador y otros factores, pero del tirón se quedaban al mismo nivel que el avión, un Junkers 52 alemán de tres hélices que volaba a unos 500 metros de altura.

Pero para explicar ese salto que entró en los libros de historia hay que remontarse a unos meses antes. En agosto de 1947, el Boletín Oficial del Aire publicó que la escuela de pilotos que había en Alcantarilla pasaba a ser de paracaidismo y, poco antes, un capitán, un teniente y un brigada viajaban a Argentina para aprender.

"El paracaidismo estaba de moda y España quería ponerse al mismo nivel que los demás, pero estaba saliendo de la Guardia Civil y el material era muy escaso. Con lo que tenían a la mano querían ponerse la par", explica Solano, encargado de recopilar la historia de esa primera hazaña.

Los tres militares podían haberse formado más cerca, pero el régimen franquista tenía más afinidad con el gobierno de Argentina y los españoles no sabían idiomas. Así que viajaron a la ciudad de Córdoba a aprender. Hicieron el curso de monitor, ocho "lanzamientos" y de vuelta a España.

Ocho en el caso del teniente y el brigada, porque, detalla Solano, el capitán Ramón Salas solo se lanzó dos veces en cielo argentino: tenía que volver a España a buscar un sitio para la escuela y no quería que su futuro hijo, a punto de nacer, lo hiciera en tierras americanas.

Arrancaron la escuela y el 15 de septiembre empezó el primer curso para futuros instructores. Sin embargo, tardaron cuatro meses en conseguir los paracaídas y el 20 de enero llegó desde Getafe (Madrid) la aeronave alemana.

Tres días después, y pese a que las condiciones meteorológicas lo desaconsejaban, los nueve protagonistas del primer salto en patrulla -fueron doce ese día, pero en dos tandas porque solo había diez paracaídas- despegaron de Alcantarilla.

"Era tal el ansia que saltaron con lo que había", resume Solano, hasta el punto de que sufrieron algún esguince y golpe en la cabeza. "No se dieron cuenta hasta horas después por la adrenalina".

En ese primer curso participaron 165 personas, pero con solo diez paracaídas se tenían que ir turnando hasta llegar a seis saltos por persona. Así, un curso que hoy se hace en dos semanas, a ellos les llevó siete meses. "Tenían que recuperarlos, volverlos a plegar....", así una y otra vez hasta que el 10 de abril acabaron, por fin, las clases.

Los paracaídas que usaban eran redondos, que se siguen utilizando hoy para saltos en automático, aunque no tenían las medidas de seguridad actuales. Llevaban uno principal y otro de reserva y abrirlos solo dependía de la mano humana, explica Solano.

Ahora, unos pequeños ordenadores metidos dentro de las mochilas controlan la altura y la presión. Si detectan algo sospechoso, abren automáticamente el reserva.

Hasta cuatro años después, en 1952, no se produjo el primer salto en caída libre, que entonces también se hacía con paracaídas redondo. Luego fue evolucionando hasta el actual rectangular, parecido al ala de un avión y disponible en diferentes tejidos y formas: los hay más rápidos, más lentos o más precisos.

Desde entonces, la escuela de Alcantarilla ha formado a 116.239 alumnos en 1.860 cursos de paracaidismo de doce modalidades diferentes (automático, manual, alta cota...), con una media de casi 21.000 lanzamientos al año.

Para celebrar las 1,5 millones de veces que han desplegado el paracaídas en Alcantarilla, esta semana se ha emulado ese salto de 1948 con uniformes de época y se ha hecho el más multitudinario hasta el momento: desde 3.500 metros de altura, nada menos que 114 militares se lanzaron en caída libre desde un enorme Airbus 400.

"Lo curioso -celebra Solano- es que siendo tanta gente no hubo ninguna incidencia; fue como tenía que ir". Ni esguinces, ni golpes en la cabeza.

María Traspaderne

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