05 de junho de 2020
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La última batalla del galeón que unió Japón con España

JAPÓN ESPAÑA

Ishinomaki (Japón) .- Los vecinos de Coria del Río no daban crédito a sus ojos cuando en 1614 llegó al puerto de esta localidad sevillana un galeón español con ornamentos del folclore nipón, del que emergieron samuráis armados con katanas y acompañados de un fraile franciscano.

Se trataba de la Embajada Keicho, una misión que cruzó el Pacífico y el Atlántico a bordo del San Juan Bautista, unió por primera vez lazos diplomáticos entre Japón y España y vivió toda suerte de aventuras y desventuras en Europa hasta regresar al país del sol naciente en 1620.

Cuatro siglos después, quedan de aquella odisea descendientes en Coria de algunos de los 180 tripulantes japoneses que echaron raíces allí, un puñado de estatuas en seis países distintos del líder la misión, Hasekura Tsunenaga; y una réplica a tamaño real del galeón en Ishinomaki -de donde partió la expedición- que está a punto de desaparecer.

CICATRICES DEL TIEMPO... Y DEL TSUNAMI

El imponente San Juan Bautista que puede verse hoy fue construido a imagen y semejanza del galeón original, que pasó a formar parte de la flota militar española en Filipinas y es uno de los principales atractivos turísticos de esta localidad pesquera del nordeste nipón que fue arrasada por el monstruoso tsunami de 2011.

El barco sobrevivió milagrosamente a las olas de más de 10 metros de altura que acabaron con la vida de más de 5.000 personas sólo en Ishinomaki, pero ahora se encuentra en avanzado estado de deterioro y será desmantelado en los próximos meses, según el plan del Gobierno regional.

“Pensé que el barco se había acabado para siempre... pero de alguna forma resistió”, explica a Efe el responsable de mantenimiento del San Juan Bautista, Takayuki Aizawa, quien se encontraba trabajando allí aquel fatídico 11 de marzo de 2011 y pudo evacuar antes de que el tsunami golpeara la costa.

El galeón ya estaba “moribundo” antes del desastre natural y después fue necesaria “una gran reparación”, relata este antiguo pescador y mecánico naval durante un recorrido por el interior de la nao, en la primera ocasión en que las autoridades locales permiten la entrada a visitantes en más de tres años.

“Si el barco fuera una persona, su edad superaría los 90 años”, dice Aizawa, a lo que añade con resignación que “no queda más remedio que aceptar que está muriendo”.

Sus síntomas más graves son las grietas en el casco, mástiles al borde del colapso y moho y humedad que ganan terreno en la bodega, en la cual también pueden verse figuras que recrean a los tripulantes que zarparon desde Japón y réplicas de cañones españoles, entre otro equipamiento naval de la época.

Con 55 metros de eslora y mástiles de 30 metros de altura, el actual San Juan Bautista fue construido en 1993 -en plena burbuja económica de Japón- con financiación privada y a manos de un grupo de armadores y carpinteros nipones que emplearon únicamente madera local, al igual que el galeón original, el primero de una serie de barcos japoneses que aunaban técnicas occidentales y locales (conocidos como “shuinsen”).

CONDENADO AL DESGUACE

Hoy día no queda ninguno de esos artífices ni es posible encontrar a otros artesanos con conocimientos similares, según lamenta el director del Museo San Juan Bautista de Ishinomaki, Naotsugu Hamada, quien también da por perdido al barco debido a la acumulación de dificultades técnicas y financieras.

“Si encontráramos armadores especialistas en galeones de España, Italia u Holanda quizás podría hacerse...”, dice en una entrevista a Efe Hamada, antes de expresar su opinión personal: “El barco fue levantado con madera y artesanos de aquí. Tenemos que respetar la historia. Reconstruirlo con armadores extranjeros y dinero de fuera no sería aceptable”.

La prefectura de Miyagi, que gestiona el museo a cargo del San Juan Bautista, ha puesto como fecha límite para su desmantelamiento marzo de 2021, y para entonces se contempla renovar el museo y construir una nueva réplica del barco a tamaño reducido y en plástico.

Pero este plan también parece en el aire debido a la situación financiera de la prefectura, aún enfrascada en la reconstrucción posterior al desastre natural de 2011, y lo que se “complica aún más” por el impacto que está teniendo el brote del nuevo coronavirus, según Hamada.

El responsable del museo ve innecesario “persistir” en la conservación del San Juan Bautista y pide “pensar con más amplitud para conmemorar la historia” y no quedarse sólo en su valor simbólico.

“Es imposible mantener el barco en su situación actual", sentencia.

EL ESPÍRITU DE LOS SAMURÁIS

Un grupo de ciudadanos de Ishinomaki, sin embargo, no tira la toalla.

Se han movilizado para salvar la réplica del galeón y han reclutado también la ayuda de sus “primos lejanos” de Coria del Río.

A través de la asociación Salvar al San Juan Bautista, estos activistas que incluyen a descendientes de los samuráis que cruzaron medio mundo a bordo del galeón han recogido para su causa más de 3.300 firmas y las han presentado a las autoridades locales, a las que también remitieron una misiva del alcalde de Coria, Modesto González.

“No hay pruebas de que se hayan hecho suficientes esfuerzos para salvarlo, por eso queremos al menos una explicación”, dice a Efe Yuji Saito, el responsable de la asociación.

El San Juan Bautista “es un motivo de orgullo y un tesoro para la gente de esta prefectura”, dice este empresario local, quien califica al barco como “un símbolo de la recuperación” de esta localidad tras el terremoto y el tsunami.

“Ishinomaki está lleno de símbolos en memoria a la tragedia, todos ellos son muy tristes, casi te hacen llorar… Pero mirar a este barco nos hace sentir orgullosos, y eso nos inspira para salir adelante”, señala Saito.

“Nuestros ancestros visitaron España hace 400 años y hemos de honrar su memoria. El barco es una prueba del primer puente tendido entre ambos países, por eso queremos salvaguardarlo con su tamaño y diseño originales”, subraya por su parte Yoshikazu Oikawa, otro miembro de la asociación y representante de una liga de antiguos feudos locales.

Ajeno a estas batallas, el San Juan Bautista aguarda a flote sobre las ahora tranquilas aguas de Ishinomaki a que se resuelva el que podría ser el último capítulo de su ajetreada historia.

Antonio Hermosín Gandul

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